TDAH y Síndrome del Impostor en el Trabajo: Por Qué Pasa y Cómo Superarlo

Si tienes TDAH y síndrome del impostor en el trabajo que te acompaña cada día, probablemente ya sabes de qué va esto: esa sensación persistente de que no mereces el puesto que ocupas, de que tus logros han sido fruto de la suerte o de las circunstancias, y de que es solo cuestión de tiempo que alguien te «descubra».

No es debilidad ni exageración. Es una experiencia enormemente común entre adultos con TDAH, y tiene explicaciones neurológicas y psicológicas muy concretas. En este artículo vamos a desgranar por qué el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo se alimentan mutuamente, qué mecanismos están detrás y, sobre todo, qué puedes hacer de forma práctica para empezar a salir de ese bucle agotador.

Qué es el síndrome del impostor y por qué es tan común con TDAH

El término «síndrome del impostor» fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes para describir un patrón psicológico en el que una persona, a pesar de tener evidencias objetivas de su competencia, no puede interiorizar sus propios logros y vive con el miedo constante a ser «descubierta» como un fraude.

Aunque inicialmente se estudió en mujeres con alto rendimiento académico, décadas de investigación posterior han demostrado que afecta a personas de todos los géneros, edades y profesiones. Se estima que hasta un 70% de la población lo experimenta en algún momento de su vida, según estudios publicados en el International Journal of Behavioral Science. Para más información sobre este fenómeno, consulta los recursos del National Institute of Mental Health (NIMH).

Pero si el síndrome del impostor es tan común en general, ¿por qué hablamos específicamente de TDAH y síndrome del impostor en el trabajo como una combinación especialmente dura? Porque el TDAH añade capas de complejidad que hacen que esta experiencia sea más intensa, más frecuente y más difícil de sacudirse. No es solo sentirte inseguro puntualmente: es vivir con una narrativa interna que te dice, casi a diario, que no das la talla.

Las personas con TDAH adulto suelen tener una trayectoria marcada por inconsistencias en el rendimiento: días o semanas en los que funcionan de maravilla seguidos de períodos en los que todo se desmorona. Esa variabilidad —que tiene una base neurológica clara— es uno de los combustibles más potentes para el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo. «Si fuera realmente competente, rendiría igual todos los días», piensa el cerebro con TDAH. Y eso, sencillamente, no es así para nadie, pero mucho menos para quien tiene una disfunción ejecutiva real.

Los cinco patrones clásicos del impostor y el TDAH

La propia Clance identificó cinco tipos o patrones de comportamiento asociados al síndrome del impostor. En el contexto del TDAH y síndrome del impostor en el trabajo, si tienes TDAH, es probable que te identifiques con varios de ellos simultáneamente:

  • El perfeccionista: Fija estándares imposiblemente altos y cuando no los alcanza (lo cual es casi siempre, porque son imposibles) lo interpreta como una prueba de su incompetencia. Con TDAH, el perfeccionismo a menudo convive con la procrastinación: el miedo a no hacerlo perfectamente lleva a no empezarlo.
  • El experto: Siente que nunca sabe suficiente y teme ser expuesto por no tener todo el conocimiento que debería. En el trabajo, esto se traduce en una acumulación compulsiva de cursos, certificaciones y formaciones que nunca parece suficiente.
  • El genio natural: Cree que si hay que esforzarse mucho para conseguir algo, es porque no se tiene talento real. Con TDAH, las cosas que para otros son sencillas (como gestionar el correo o llegar puntual) requieren un esfuerzo enorme, lo que alimenta la sensación de ser «menos».
  • El solitario: Cree que pedir ayuda es una señal de debilidad o incompetencia. Las personas con TDAH, que a menudo necesitan más apoyo estructural, se sienten especialmente mal al tener que pedirlo.
  • El superhéroe: Trabaja más duro que todos para compensar sus «carencias». El enmascaramiento en adultos con TDAH encaja perfectamente aquí: ese esfuerzo titánico por parecer «normal» que nadie ve pero que te agota por dentro.

Las razones neurológicas: cómo el TDAH alimenta la sensación de fraude

Para entender por qué el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo están tan entrelazados, necesitamos hablar de neurología. No para complicar las cosas, sino porque entender qué pasa en tu cerebro puede ser, paradójicamente, el primer paso para dejar de culparte.

La disfunción ejecutiva y la trampa de la inconsistencia

El TDAH no es un problema de atención en el sentido simple de la palabra. Es, fundamentalmente, una disfunción del sistema ejecutivo del cerebro, ese conjunto de procesos cognitivos que incluyen la planificación, la regulación emocional, la memoria de trabajo, la gestión del tiempo y el inicio de tareas.

Russell Barkley, uno de los investigadores más relevantes en TDAH adulto, lo describe como un trastorno de la autorregulación: el cerebro con TDAH tiene dificultades para regular su propio comportamiento en función de consecuencias futuras. Para profundizar en la neurociencia del TDAH, puedes consultar la investigación publicada en PubMed sobre TDAH y función ejecutiva.

¿Qué tiene esto que ver con el síndrome del impostor? Todo. Cuando tu rendimiento en el trabajo es altamente variable —hoy eres la persona más productiva de la oficina y mañana no puedes ni responder un correo— es muy difícil construir una imagen estable de ti mismo como profesional competente. El cerebro humano tiende a buscar patrones y narrativas coherentes. Si tu rendimiento no es coherente, tu mente buscará una explicación. Y la más disponible, lamentablemente, suele ser: «Soy un fraude. Los días buenos fue suerte.»

La disforia por rechazo sensible: el combustible emocional

Otro componente neurológico crucial es la disforia por rechazo sensible (DRS), un término popularizado por el psiquiatra William Dodson para describir la hipersensibilidad emocional extrema ante la percepción de crítica, rechazo o fracaso que experimentan muchas personas con TDAH. No es simplemente «ser sensible»: es una respuesta neurológica intensa que puede provocar un dolor emocional casi físico ante cualquier señal —real o percibida— de desaprobación.

En el contexto laboral del TDAH y síndrome del impostor en el trabajo, la DRS se convierte en un amplificador brutal. Un comentario neutro de tu jefe se convierte en una prueba de que lo estás haciendo fatal. Una reunión en la que no has participado tanto como querías confirma que no eres lo suficientemente inteligente. Un correo sin respuesta inmediata significa que tu trabajo no vale. Este procesamiento emocional desproporcionado no es una elección ni un rasgo de carácter: tiene una base neurobiológica documentada, relacionada con diferencias en el sistema dopaminérgico y noradrenérgico del cerebro con TDAH.

La memoria de trabajo y el olvido de los propios logros

La memoria de trabajo —esa capacidad de mantener información activa y disponible en la mente a corto plazo— suele estar comprometida en el TDAH. En el día a día esto significa olvidar dónde dejaste las llaves o perder el hilo de una conversación. Pero en el plano emocional tiene una consecuencia menos obvia y mucho más dañina: las personas con TDAH tienden a olvidar sus propios logros con más facilidad que sus fracasos.

El cerebro humano ya tiene de por sí un sesgo de negatividad —recuerda mejor lo malo que lo bueno—, pero con la memoria de trabajo afectada, este sesgo se amplifica. Puedes haber liderado un proyecto exitoso hace tres meses, pero cuando ahora te preguntan si eres capaz de gestionar algo similar, tu mente no accede a ese logro con facilidad. En cambio, el error que cometiste la semana pasada está perfectamente disponible. Eso, multiplicado por años de vida laboral, crea una narrativa interna de incompetencia que tiene muy poco que ver con la realidad.

El papel de la historia personal: años de mensajes negativos

No podemos hablar de TDAH y síndrome del impostor en el trabajo sin hablar de lo que ha pasado antes del trabajo. La mayoría de los adultos con TDAH —especialmente los diagnosticados tardíamente, que son muchos— llevan décadas acumulando mensajes negativos sobre sí mismos que han dejado una huella profunda en su autoconcepto.

El niño que «podría esforzarse más»

Si tienes TDAH y eres adulto, es muy probable que en el colegio escucharas frases como estas: «Con lo listo que eres, podrías esforzarte más», «No prestas atención», «Eres muy despistado», «Si quisieras, podrías». Estas afirmaciones, repetidas por profesores, familiares y compañeros durante años, transmiten un mensaje muy claro: hay algo en ti que no funciona bien, y además es tu culpa, porque si te esforzaras más, no pasaría.

Un estudio publicado en el Journal of Attention Disorders en 2019 encontró que los adultos con TDAH reportaban significativamente más experiencias de crítica y vergüenza en la infancia que los adultos sin TDAH, y que estas experiencias se correlacionaban directamente con niveles más altos de vergüenza y autocrítica en la vida adulta. No es un mecanismo abstracto: es una cadena directa entre lo que te dijeron de niño y cómo te sientes hoy en una reunión de trabajo. Puedes encontrar más recursos para adultos con TDAH en CHADD (Children and Adults with ADHD).

El enmascaramiento y su coste oculto

Muchas personas con TDAH, especialmente las diagnosticadas en la edad adulta, desarrollan estrategias de enmascaramiento muy sofisticadas: aprenden a parecer atentos cuando no lo están, a compensar sus dificultades con el doble de esfuerzo, a construir sistemas externos que suplen sus dificultades ejecutivas internas. Desde fuera, parece que funcionan bien. Desde dentro, el coste es enorme.

El enmascaramiento crea una paradoja cruel para el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo: cuanto mejor lo haces para disimular tus dificultades, más convencido estás de que si la gente supiera cómo funciona realmente tu cerebro, dejarían de valorarte. Tu éxito externo no te pertenece, porque sientes que es el resultado de un personaje que interpretas, no de quien realmente eres. Esto es el síndrome del impostor en su forma más pura, y el enmascaramiento del TDAH lo alimenta directamente.

El diagnóstico tardío y la reconstrucción de la narrativa personal

Recibir un diagnóstico de TDAH en la edad adulta es, para muchas personas, una experiencia con dos caras. Y es también el punto de partida para comenzar a deshacer el impacto del TDAH y síndrome del impostor en el trabajo sobre la autoestima. Por un lado, hay un alivio enorme: por fin hay una explicación para décadas de dificultades, de sentirte diferente, de no entender por qué algo que para otros es sencillo para ti requería un esfuerzo monumental.

Por otro lado, el diagnóstico tardío llega después de años —a veces décadas— en los que esa narrativa de «soy un vago», «soy torpe», «no soy suficientemente inteligente» ya ha echado raíces profundas.

Reescribir esa narrativa no ocurre automáticamente con el diagnóstico. Requiere trabajo activo, y es uno de los motivos por los que el acompañamiento psicológico especializado es tan importante para adultos con TDAH. El diagnóstico te da el mapa; el trabajo terapéutico te ayuda a recorrer el camino.

Cómo se manifiesta el síndrome del impostor en el trabajo con TDAH

Reconocer las formas concretas en las que el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo se manifiestan es fundamental. No siempre se presenta como un pensamiento claro del tipo «soy un fraude». A menudo se cuela de formas más sutiles y más difíciles de identificar como lo que son.

Comportamientos habituales que esconden el síndrome del impostor

  • Evitar solicitar proyectos o responsabilidades nuevas aunque tengas las habilidades para afrontarlas, por miedo a que te «pillen» cuando las cosas vayan mal.
  • Atribuir sistemáticamente tus éxitos a factores externos: «Salió bien porque el equipo es buenísimo», «Fue suerte», «El cliente era fácil». Nunca: «Lo hice bien porque soy competente».
  • Sobreprepararte de forma paralizante antes de cualquier presentación, reunión o entrega, invirtiendo el triple de tiempo que necesitarías, lo cual agota y además confirma internamente que «necesitas mucho más esfuerzo que los demás».
  • No hablar en reuniones aunque tengas ideas buenas, por miedo a decir algo incorrecto y quedar en evidencia.
  • Compararte constantemente con compañeros, siempre en tu contra: te fijas en lo que ellos hacen bien y tú no, no al revés.
  • Dificultad para aceptar cumplidos o reconocimientos, que minimizas o rechazas automáticamente porque «no te los mereces de verdad».
  • Procrastinar tareas importantes no por falta de interés sino por el miedo a demostrar —al hacerlas— que no eres suficientemente bueno.

El bucle agotador del TDAH y síndrome del impostor en el trabajo

Lo que hace especialmente difícil esta combinación es que el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo se retroalimentan en un bucle que es muy complicado de interrumpir por cuenta propia. Funciona más o menos así: tienes TDAH, lo que hace que tu rendimiento sea inconsistente. Esa inconsistencia alimenta la sensación de ser un fraude. El síndrome del impostor genera ansiedad y evitación. La evitación provoca errores reales o retrasos, que el TDAH ya de por sí hace más probables. Esos errores confirman la narrativa del impostor. Y el bucle vuelve a empezar.

Además, el agotamiento del enmascaramiento reduce los recursos cognitivos disponibles para gestionar la disfunción ejecutiva, lo que a su vez hace que el rendimiento sea más errático, lo que alimenta aún más el síndrome del impostor. Es un sistema perfectamente diseñado para mantenerte atrapado, y reconocerlo como tal —como un sistema, no como una verdad sobre quién eres— es el primer paso para salir de él.

Estrategias reales para superar el síndrome del impostor teniendo TDAH

Vamos a lo que probablemente más te importa: qué puedes hacer. Estas estrategias están pensadas específicamente para afrontar el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo, teniendo en cuenta las particularidades del TDAH y síndrome del impostor en el trabajo, teniendo en cuenta las particularidades neurológicas del trastorno. No son consejos genéricos de autoayuda.

1. Construye un «archivo de evidencias» tangible y accesible

Como hemos visto, la memoria de trabajo del TDAH juega en tu contra cuando se trata de recordar tus logros. La solución no es esforzarte más en recordarlos —eso no funciona así— sino externalizar esa memoria. Crea un sistema físico o digital donde vayas guardando evidencias concretas de que eres competente: capturas de pantalla de correos de agradecimiento, notas de proyectos que salieron bien, métricas de resultados que hayas conseguido, comentarios positivos de compañeros o clientes.

La clave con el TDAH es que este sistema tiene que ser extremadamente fácil de acceder. Una carpeta en el escritorio del ordenador, una nota en el móvil, un cuaderno que siempre tienes a mano. No algo sofisticado que acabarás abandonando. Cuando el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo te diga «eres un fraude», necesitas poder abrir ese archivo y ver evidencias concretas de que eso no es cierto. No para convencer a nadie: para convencerte a ti.

2. Aprende a nombrar el patrón cuando ocurre

Una de las técnicas más eficaces de la terapia cognitivo-conductual es el etiquetado cognitivo: ponerle nombre a lo que está pasando en tu mente en el momento en que ocurre. Cuando notes esa voz interna diciéndote que no mereces el reconocimiento que recibes, o que es cuestión de tiempo que te descubran, prueba a decirte literalmente: «Esto es el síndrome del impostor. Esto es la disforia por rechazo sensible. Esto no es una verdad objetiva sobre mí.»

No se trata de negarlo ni de forzarte a pensar lo contrario de inmediato. Se trata de crear una pequeña distancia entre tú y ese pensamiento. En lugar de «soy un fraude», se convierte en «estoy teniendo el pensamiento de que soy un fraude». Esa diferencia, que parece pequeña, activa la corteza prefrontal y reduce la respuesta emocional intensa. Para cerebros con TDAH que tienden a fusionarse con sus emociones, esta técnica puede ser especialmente útil.

3. Reencuadra la inconsistencia del rendimiento

La variabilidad del rendimiento con TDAH no es una señal de que eres un fraude: es una característica documentada del trastorno. Barkley describe el TDAH como una condición en la que el rendimiento no es predecible ni consistente, pero esto no significa que la competencia no exista. Significa que hay factores —como el nivel de interés, la carga cognitiva, el estado emocional, el sueño, el estrés— que afectan a tu rendimiento de forma más pronunciada que en personas neurotípicas.

Cuando tengas un día malo en el trabajo, en lugar de interpretar que «esto es quién realmente eres», practica preguntarte: «¿Qué condiciones concretas han afectado a mi rendimiento hoy?». ¿Dormiste mal? ¿Tienes mucho estrés acumulado? ¿Era una tarea de baja estimulación en un momento de baja energía? Identificar los factores contextuales rompe la narrativa de «soy incompetente por naturaleza» y la sustituye por una visión más matizada y más honesta.

4. Comparte con personas de confianza (aunque sea incómodo)

El síndrome del impostor prospera en el silencio y en el secreto. Una de las formas más potentes de debilitarlo es hablar de él con personas de confianza: un amigo cercano, una pareja, un compañero de trabajo con quien tengas buena relación, un terapeuta. No para que te digan que eres estupendo —eso raramente ayuda— sino para darte cuenta de que no estás solo, de que muchas personas sienten lo mismo, y de que la perspectiva externa suele ser mucho más benigna que la interna.

En comunidades de adultos con TDAH —foros, grupos de apoyo, comunidades online— es extremadamente frecuente encontrar personas con perfiles de éxito objetivo que describen exactamente la misma experiencia que estás leyendo aquí. Saber que no es algo que te pase solo a ti, que tiene una base neurológica conocida y que otras personas lo han superado, puede ser más terapéutico de lo que parece.

5. Ajusta tus métricas de éxito al TDAH real

Muchas personas con TDAH se miden con el mismo rasero que sus compañeros neurotípicos, ignorando que están corriendo con un lastre diferente. Si tardas el doble en organizar una presentación porque tu cerebro no regula la iniciación de tareas de la misma forma, pero la presentación al final sale bien, el resultado no fue «suerte»: fue el resultado de un esfuerzo que implicó superar obstáculos que otros no tuvieron que enfrentar.

Esto no significa que debas bajar el listón ni conformarte con menos. Significa que tus métricas de éxito deben incluir el esfuerzo real que has invertido, no solo el resultado visible. Y significa que cuando te compares con otros, deberías hacerlo con contexto: «¿Con qué herramientas estaba trabajando cada uno?»

6. Trabaja la autocompasión (no es lo que crees que es)

La autocompasión no es autocomplacencia ni excusarse de todo. Es, según la investigación de la psicóloga Kristin Neff, la capacidad de tratarte a ti mismo con la misma amabilidad y comprensión que tratarías a un amigo cercano que está pasando por lo que tú estás pasando. Los estudios de Neff y otros investigadores muestran de forma consistente que la autocompasión se correlaciona positivamente con la motivación, la responsabilidad y la resiliencia, y negativamente con la ansiedad, la depresión y el perfeccionismo paralizante.

Para el TDAH en particular, un estudio de 2021 publicado en ADHD Attention Deficit and Hyperactivity Disorders encontró que niveles más altos de autocompasión en personas con TDAH y síndrome del impostor en el trabajo se asociaban con menor vergüenza, menor disforia por rechazo sensible y mejor funcionamiento en la vida cotidiana. Practicar autocompasión no es ponérselo fácil: es, literalmente, una herramienta que mejora el rendimiento.

Cuándo buscar ayuda profesional

Las estrategias que hemos descrito son útiles y pueden marcar una diferencia real. Pero hay situaciones en las que el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo, como combinación, requiere apoyo profesional especializado, y reconocerlas es importante.

Considera buscar ayuda cuando el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo te estén impidiendo activamente progresar en tu carrera —rechazando oportunidades, evitando responsabilidades que podrías asumir— o cuando esté contribuyendo a un estado de ansiedad o depresión persistente.

El TDAH adulto tiene una altísima comorbilidad con la ansiedad y la depresión: según el DSM-5 y estudios posteriores, entre el 50% y el 60% de los adultos con TDAH presentan al menos un trastorno emocional comórbido. En estos casos de TDAH y síndrome del impostor en el trabajo, trabajar solo el síndrome del impostor sin atender la comorbilidad emocional suele ser insuficiente. Más información sobre comorbilidades en adultos con TDAH está disponible en las estadísticas del NIMH sobre TDAH.

La terapia cognitivo-conductual adaptada al TDAH (TCC-TDAH) es el abordaje psicológico con mayor evidencia científica para adultos con TDAH y síndrome del impostor en el trabajo. Trabaja específicamente los patrones de pensamiento distorsionados —como los que alimentan el síndrome del impostor— junto con las dificultades ejecutivas prácticas. Si además no estás en tratamiento farmacológico y el TDAH está sin tratar, es importante que lo valores con un psiquiatra: la medicación no soluciona el síndrome del impostor, pero al mejorar la regulación ejecutiva y emocional, puede hacer que el trabajo psicológico sea mucho más accesible.

El coaching especializado en TDAH es otra opción valiosa, especialmente para abordar el impacto laboral específico. Un coach certificado en TDAH puede ayudarte a diseñar sistemas de trabajo adaptados a tu neurotipo, a identificar tus puntos fuertes reales y a construir una identidad profesional más sólida y más honesta. Si quieres saber qué entornos laborales favorecen a las personas con TDAH, puede interesarte nuestra guía sobre las mejores carreras y trabajos para adultos con TDAH.

Y si estás leyendo esto y todavía no tienes diagnóstico formal pero te reconoces en todo lo que hemos descrito, eso también es una señal de que merece la pena hacer una evaluación con un especialista. El diagnóstico tardío, aunque llegue tarde, sigue siendo profundamente liberador y es el punto de partida para todo lo demás.

Preguntas frecuentes

¿El síndrome del impostor es más común en personas con TDAH que en la población general?

El TDAH y síndrome del impostor en el trabajo están estrechamente conectados. No hay estudios que den una cifra exacta, pero la evidencia disponible sugiere que sí. La combinación de inconsistencia en el rendimiento, disforia por rechazo sensible, tendencia a recordar mejor los fracasos que los logros y años de mensajes negativos del entorno hace que las personas con TDAH sean especialmente vulnerables al síndrome del impostor. No es una coincidencia: es el resultado predecible de cómo interactúan las características neurológicas del TDAH con un entorno que no está diseñado para ellas.

¿Puede el tratamiento farmacológico del TDAH ayudar con el síndrome del impostor?

Muchas personas que sufren TDAH y síndrome del impostor en el trabajo preguntan si la medicación puede ayudar. La medicación para el TDAH no trata directamente el síndrome del impostor, pero puede ayudar de forma indirecta. Al mejorar la regulación ejecutiva y emocional, facilita que puedas acceder a tus logros con más facilidad, que la disforia por rechazo sensible sea menos intensa y que puedas aplicar las estrategias cognitivas que trabajes en terapia. Muchas personas que inician tratamiento farmacológico describen que les resulta más fácil ser objetivos sobre sí mismos, aunque el trabajo de reescribir la narrativa interna sigue requiriendo esfuerzo activo.

¿Cómo puedo distinguir el síndrome del impostor de una autocrítica realista sobre mi rendimiento?

Es una pregunta importante y genuinamente difícil. La diferencia clave está en la evidencia objetiva y en la generalizabilidad. El síndrome del impostor te lleva a concluir «soy incompetente» a partir de datos incompletos o sesgados, y esa conclusión se aplica a todo, no solo al área específica donde tuviste dificultades. Una autocrítica realista diría: «En este proyecto concreto no rendí como hubiera querido, por estos motivos específicos». Si tu evaluación negativa de ti mismo no se sostiene cuando la compruebas con evidencias externas objetivas, probablemente estás ante el síndrome del impostor.

¿El síndrome del impostor desaparece completamente con el trabajo personal?

En la mayoría de los casos, el objetivo no es eliminar completamente el síndrome del impostor —que puede reaparecer en momentos de estrés, cambios profesionales o nuevos retos— sino reducir su intensidad, su frecuencia y su impacto en tus decisiones. Muchas personas con TDAH que trabajan activamente en este área describen que siguen teniendo momentos de duda, pero que ya no les paralizan ni les dirigen. Aprenden a reconocer el patrón, a no dejarse llevar por él y a seguir adelante a pesar de la incomodidad.

¿Debería contarle a mi empresa que tengo TDAH para que entiendan mis dificultades?

Esta es una decisión muy personal que depende de múltiples factores: la cultura de tu empresa, tu relación con tu jefe, el tipo de ajustes que necesitas y tu propio nivel de comodidad. No existe una respuesta universalmente correcta. Lo que sí es importante es que no tomes esa decisión desde el síndrome del impostor —ni para justificarte ni para evitar ser «descubierto»—, sino desde una evaluación tranquila de si el conocimiento de tu diagnóstico te ayudaría a obtener los apoyos que necesitas. En España, la Ley de Personas con Discapacidad ofrece algunas protecciones en contextos laborales, aunque el TDAH no siempre está reconocido formalmente en ese marco.

Conclusión

Si has llegado hasta aquí, probablemente porque algo de lo que has leído resuena contigo. El TDAH y síndrome del impostor en el trabajo son una combinación real, documentada y, sobre todo, tratable. Entender cómo interactúan el TDAH y síndrome del impostor en el trabajo es el primer paso para romper el bucle. No estás inventándote las dificultades, no eres un fraude y los logros que has conseguido —con el esfuerzo adicional que implica funcionar con un cerebro que trabaja diferente— son genuinamente tuyos.

El camino para salir del bucle del TDAH y síndrome del impostor en el trabajo no es rápido ni lineal —porque nada con el TDAH lo es— pero es posible. Empieza por reconocer el patrón, construye sistemas externos que compensen las limitaciones de tu memoria de trabajo, trabaja activamente la autocompasión y busca apoyo especializado si lo necesitas. No tienes que resolver esto solo, y pedir ayuda no es una prueba de que el impostor tenía razón: es exactamente lo contrario.

Tu cerebro es diferente, no deficiente. Y esa diferencia, con el entorno y las herramientas adecuadas, puede ser una fuente de valor real en el trabajo. El síndrome del impostor te dice que es cuestión de tiempo que te descubran. La realidad es que lo que hay que descubrir —y lo que vale la pena defender— eres tú, tal como eres.

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